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miércoles, 11 de marzo de 2020

Sin pausas, lo recuerdo bien


“Raindrops are falling on my head and just like the guy whose feet are too big for his bed, nothing seems to fit those raindrops are falling on my head, they keep falling…”

(Fragmento de la canción “Raindrops Keep Fallin' On My Head” de Burt Bacharach y Hal David)

Recuerdo muy bien el día en que la conocí en una noche lluviosa de aquel torrencial verano producto de un huracán en las lejanas costas del Pacífico y que recuerdo todavía más por las gotas que del cielo caían y se estrellaban en mi cara y su semblante decepcionado que miraba al cielo ya que la peor desgracia de mi vida sorprendía mi día cuando su padre que tal vez comprendía mi sentir me invitó a tomarme un tequila para la tristeza pues su primogénita me había gritado un poco antes y en alto volumen de voz para que todo el vecindario se enterara que no quería seguir más conmigo y él había visto o escuchado toda la escena desde una rendija que se abría en los ventanales de la casa sin que ninguno lo notara y en la que el señor fue partícipe de mi temporal desgracia pues él había percibido tiempo atrás que yo no era tan mal muchacho y siempre aprobó nuestro noviazgo pero recuerdo todavía más esa noche pues fue ese momento cuando una amiga de sus hijas entró sacudiéndose el agua y por alguna extraña razón nuestros ojos hasta hoy no pudieron dejar de mirarse.

- Roy Lobo (12.jul.2013)

viernes, 6 de marzo de 2020

Lunático


“Tendrás a tu hombre, piel morena ─desde el cielo habló la luna llena─ pero a cambio quiero el hijo primero que le engendres a él.”

(Fragmento de la canción “Hijo De La Luna” de José María Cano)

“Lunático”, nunca mejor aplicado al estado en que se encuentra mi compañero.

Y es que fue tremendo el impacto emocional e intelectual que tuvimos mi colega astronauta y yo ayer apenas. Las historias que de niños nos contaban acerca de la Luna resultaron, al menos por un momento, no del todo falsas para nosotros dos.

Teníamos por bien sabido que la Luna no era de queso ni de plata, por ejemplo. También estábamos convencidos que no existían hombres-lobo ni otros seres mágicos que se vieran influidos ante la presencia de nuestro satélite natural.

Por supuesto, aquellas historias conspiranoicas de que el hombre no había visitado la Luna sino que todo había sido un montaje las teníamos por bien explicadas y efectívamente probadas. Aún así, fue nuestro turno comprobar personalmente todo eso que ya sabíamos… hasta ayer.

Y todo eso afectó más a mi compañero, acérrimo defensor de la ciencia e implacable activista contra dogmas, conspiraciones y fanatismos sociales de toda índole.

Llevábamos ya dos días de misión desde el lanzamiento y ayer debíamos alunizar siguiendo los pasos de los astronautas que el siglo pasado habían sido los primeros. Con nosotros se reanudaban los viajes a nuestra redonda compañera.

Los controles indicaban nuestra proximidad y en los instrumentos todo marchaba como debía ser. El itinerario incluía una vuelta completa al satélite para capturar imágenes de la cara oculta y luego alunizar.

Y fue cuando sucedió.

Nos quedamos paralizados al observar por una de las ventanas del módulo en que viajábamos la imagen de la Luna… una Luna pintada en un pedazo redondo de madera como adherida a un muro oscuro y que yo pensé que debía ser de descomunales dimensiones para ser percibido desde la Tierra.

Todo lo que sabíamos de nuestro satélite y del espacio fue derrumbado en instantes. ¿Quién iba pensar que la Tierra era efectivamente el centro del universo y que los astros que observábamos eran simples bosquejos pintados en un enorme muro esférico que debía rodear la Tierra? Y el Sol, ¿qué sería? ¿Una gigantesca lámpara?

Mi reacción fue vomitar y desmayarme por un día completo pero mi compañero (después lo supe) se quedó paralizado con una sonrisa tenebrosa observando la ventana y repitiendo una y otra vez la frase “la Luna está pintada, la Luna está pintada, la Luna está pintada, …”.

****

Hoy desperté en una sala de un hospital y me explicaron la situación: nuestra misión fue un experimento en el que se observarían nuestras reacciones en un encierro de dos días en el que estaríamos dentro del módulo en un espacio muy pequeño. Nuestro “módulo” era en realidad un simulador que incluía vibraciones similares a las que se perciben en el despegue y el alunizaje. Ni siquiera la presencia de gravedad nos extrañó pues el módulo real cuenta con un sistema de gravitación artificial que nos permitiría tener menos problemas con algunos experimentos que haremos en la misión real.

La ventanilla, en realidad, no era tal sino una pantalla que debía mostrar ciertas imágenes del entorno pero traslúcida al apagarse y eso sucedió, se apagó y lo que vimos fue la sala en la que se encontraba el simulador. Era imperativo no comunicarnos la naturaleza de la misión.

****

Hoy, después de varios días, me encuentro mejor al conocer toda la situación y, por fortuna, aún sigo siendo uno de los dos primeros humanos que pisaran la Luna en la misión real pero, mi compañero, tal vez ya no me acompañe; él se quedó, como se dice, “en la Luna”.

- Roy Lobo (2.feb.2016)

sábado, 29 de febrero de 2020

Historia distópica


“Sea mi voluntad vivir este misterio fecundo, vagar con el vagabundo y compartir con cualquiera porque el día en que yo me muera se va a terminar el mundo.”

(Fragmento de la canción “Canto de un dios” de Enrique Quezadas)

Pudo ser la historia épica más asombrosa de su tiempo y quizá de otros tiempos.

Poseía un físico envidiable sin exagerar la musculatura pero con la fuerza en las partes en que es útil la fuerza; decían sus amistades, por ejemplo, que era capaz de mantenerse sostenido únicamente con las yemas de sus dedos por muchos minutos en bordes casi inexistentes de peñascos y acantilados y, además, cargando un peso extra prácticamente igual al suyo.

Además era alguien cuya resistencia, agilidad y elasticidad no se ponían en entredicho, aún era joven pero llevaba décadas viviendo en las duras condiciones que, al mismo tiempo, endurecen huesos y músculos.

Pero no era sólo el físico: era reconocido por sus pares como alguien quien era capaz de reaccionar rápida y muy inteligentemente ante casi cualquier contingencia de esas que nunca faltan en el transcurso de una aventura de esas de proporciones épicas. Incluso, poseía la motivación; de esas motivaciones que obligan a seguir moviéndose aún cuando las fuerzas parecen querer irse.

No era tampoco ajeno al liderazgo, poseía el “don de gentes”; carisma, empatía y su gusto en ayudar al prójimo lo encaminaban a esos lugares a los que sólo llegan pocos. No se le conocía vicio alguno pero no se negaba a una copa de vino o un tarro de cerveza de vez en cuando con las amistades.

Sabio como pocos, ocasionalmente se retiraba a las profundidades del bosque a meditar por horas y a veces por días…fue en una de estas horas de meditación que un reptil venenoso, sintiéndose inocentemente amenazado por la presencia del héroe, descendió del árbol en que se encontraba hasta donde reflexionaba sentado y... lo mordió. De no ser por el tropiezo que sufrió en la confusión y que le ocasionó un desmayo por un golpe en la cabeza, tal vez hubiera sobrevivido… pero no fue así y la historia utópica jamás pudo ser.

- Roy Lobo (16.jun.2016)

jueves, 27 de febrero de 2020

Imperdonable


“Yo podría perdonarte todo esto pero hay algo que no puedo, aunque quisiera, y es que con tu propio nombre me mintieras.”

(Fragmento de la canción “Mujer Perjura” de Alejandro García “Virulo”)

Tu cara sin maquillaje no me importa. Acepto que ustedes sienten un deber de hacerlo por presión social y por una competencia sexual que quién sabe cuándo comenzó, tal vez en tiempos inmemoriales. Acepto esa máscara temporal que oculta tu rostro que has de mostrar a tu amante en turno para llamar su atención. Y lo acepto porque yo soy partícipe de esa culpabilidad, reconozco que tu rostro pintado y esa mirada atrajo la mía y cedí.

¿Que no son tus ojos verdes? ¿¡Y!?, ¿cuál es el problema? Me había dado cuenta de tus lentes de contacto cuando fingiste una basura entrometida que, supuestamente, te sacó aquella lágrima que fuiste a secarte fuera de mi vista.

No puedo reclamar tampoco tu figura delgada sin curvas muy pronunciadas, tal vez a otros les atraigan más las formas voluptuosas y bien torneadas que nos venden las fotografías publicadas y muy retocadas como el ideal de mujer a perseguir. Dejé de ser ese hombre hace mucho y, en realidad, tu figura delgada me atrae y hasta la encuentro conveniente para los propósitos indecorosos que perseguía hace unas horas que te conocí.

Ni siquiera reclamo tus pestañas postizas que, debo reconocer, me sorprendieron un poco al encontrarme con ellas junto al espejo del sanitario en el que meticulosamente me preparaba para este "festín" sexual. Sólo quiero decirte que me decepcionó un poco comprobar que tu mirada coqueta, la que en un principio me cautivó, era artificiosamente ayudada.

Y menos te reclamo tu nariz respingada, en realidad se ve bien; ese cirujano plástico que comentaste hizo muy buen trabajo en tu rostro y en las ahora inexistentes “patas de gallo”... lo que me hace pensar en la edad real que debes tener, pero, tampoco importa, pues también creo que el amor no tiene edad.

Si he de ser completamente honesto, estuve a punto de irme cuando te quitaste la peluca pelirroja pero tu cabello real no resultó desagradable, corto sí, pero de un tono oscuro que contrasta naturalmente con tu tez más bien blanca. Me hizo preguntarme un poco por qué no te presentabas como tal si lo natural te venía mejor. “Cosas de mujeres debían ser”, entendí.

Tus brazos me gustan al tacto; dices que los ves muy “velludos” pero, de mi experiencia en otras tierras del oriente te digo, créeme, no tienes de qué preocuparte en comparación; antes, al contrario, me causan tus brazos y piernas cierto alivio al punto en el que me siento bien conmigo mismo al no ser un superficial que exija la ausencia total de vello en el cuerpo de mi amante.

No tuve ningún problema con tus labios carnosos, inflados a propósito con alguna sustancia, legal o no que, al beso, se sienten inacabables y que me hicieron perderme en algún lugar del cosmos dos veces hoy mismo. Pienso que, en mucho, esos besos fueron los que nos tienen aquí en este momento en la cama.

Cuando vi tus senos (y luego al tocarlos) inmediatamente comprendí y al mismo tiempo quedé maravillado del excelente trabajo que aquel mismo doctor hizo. Me sentí halagado por ser yo de los primeros en divertirme con el trabajo de otros.

Por favor no llores y trata de comprender mis sentimientos encontrados al tomar esta decisión de irme ahora.

Todo lo que te mencioné te lo perdono, no soy exigente en los “errores” que crees poseer y te has dado tiempo y dinero para disfrazarlos. Tu pasado no importa y el ser que me mostraste me fascinó desde el primer momento.

Sólo hay una sola cosa que no te puedo perdonar y es que hayas decidido, hasta este preciso momento, decirme tu nombre Rigoberto.

- Roy Lobo (6.may.2011)
Inspirado en la canción “Mujer Perjura” de Alejandro García “Virulo”.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Después del tiempo, ¿qué?


“Y hoy que de amores ya no tengo tiempo, amor de aquellos tiempos, cuánto añoro
la dicha inicua de perder el tiempo.”

(Fragmento del poema “Tiempo” de Renato Leduc)

─Tú y yo más allá del tiempo…

”… se antoja imposible pues mi pobre concepción del cosmos me dice que ese momento es inconcebible.

”¿Cómo va a ser posible que exista un momento en el que el tiempo no exista? Y si el tiempo, en efecto, tiene un final, ¿ya no hay más tiempo después entonces? ¿Qué viene después del tiempo? ¿El inicio de otro nuevo tiempo? O, ¿será este tiempo parte de otro tiempo más grande que inició mucho antes que el nuestro y terminará en otro futuro? Y ese tiempo, a su vez, ¿será parte de otro tiempo?

”Y, ¿dónde entra Dios en la ecuación? ¿Dios creo el tiempo donde transcurre el tiempo en el que se encuentra el nuestro? ¿En qué tiempo vive Dios? ¿Dios abraza al tiempo o el tiempo abraza a Dios? ¿Quizá Dios es Tiempo?

”… en fin, perdona que divague así en un momento romántico como éste. Sólo quería decirte que aún en ese inconcebible momento nuestro amor permanecerá incólume en las… Amor… ¡Amor! ¡Despierta!

- Roy Lobo (18.feb.2016)

viernes, 4 de octubre de 2019

Yo, Pingüino


He was a no one, a zero, zero, now he's a hot shot, he's a hero. Here was a kid with his act down pat from zero to hero in no time flat. Zero to hero just like that.

(Fragmento de la canción “Zero to Hero” de David Zippel)

¿Villano yo? La diferencia entre “héroe” y “villano” es nada más el tiempo; hoy soy villano, mañana seré héroe, todo dependerá del humor social del momento… y yo entiendo muy bien eso aquí, en mi ciudad.

Sin modestia alguna, soy alguien que comprende y conoce esta ciudad, más que el hipócrita murciélago vigilante, él no acepta a Gotham City como es, él quiere cambiarla en algo que no puede ser ni será nunca. ¿Eliminar la corrupción? ¡Ja, ja! Acaso, ¿alguien en la historia del mundo lo ha logrado? Lo único que le queda al bati-estúpido ése es tener descendientes igual de psicópatas que él que lo sigan intentando cuando lo maten porque si esa es la meta, su batalla es interminable. Por eso, porque no la acepta así como es, él no ama a la ciudad realmente. Yo sí.

He podido emigrar a Metrópolis o a Central City; incluso a Washington, ahí junto al poder político de este país, pero siempre y sin dudarlo he elegido ésta, mi ciudad.

Pero no la amé siempre. Mi apariencia física me aseguró una niñez muy difícil incluso siendo un Cobblepot, familia centenaria, familia que me despreció junto al resto de la ciudad y que me alejó a los rincones más oscuros donde me vi forzado a entender el fondo y las formas de la vida en los bajos fondos. Por eso soy un verdadero habitante de Gotham. Yo viví y sufrí Gotham como nadie.

Odié mi ciudad aquellos años… pero hoy la amo; hoy comprendo que mi pasado me convirtió en el importante estadista que soy y que merece Gotham desde hace décadas.

¿Villano yo? Sólo sobrevivo y prevalezco. Tomo decisiones difíciles pero eso no me convierte en villano. He robado, he traficado y he matado pero siempre a favor de intereses superiores, mis intereses… y mis intereses son los de la gente de Gotham. ¿Quién ayuda a la ciudad mejor que yo? Mientras exista un cliente existirá un proveedor y yo soy EL proveedor sean ilegales o no mis productos y servicios. Que legislen lo que quieran en las cortes y en las cámaras. Las leyes de las calles, las leyes que realmente importan y funcionan, las promulgo yo incluso desde la cárcel.

He estado en prisión y hasta en ese maldito asilo de locos… ¿loco yo? ¡Por favor! Más locos están el “hombre murciélago” ése y el payaso que juega con él. ¡Ah, el payaso loco! Así, loco, me agrada muy a menudo; a veces me incomoda lo errático e imprevisible que es pero me agrada en general y, lo más importante, mantiene ocupado al murciélago.

¿Villano yo? ¿En serio? No solo soy emprendedor, soy político y en la política no existen los villanos mientras no seas de la administración pasada y aunque lo seas solo basta mantenerse vigente en la nueva y yo sé estar presente en la agenda social. ¡Que hablen mal del Pingüino! Que hablen lo que quieran mientras hablen de mí.

Por cierto que yo soy “El Pingüino”. ¿Creen ofenderme llamándome así? El primero que lo hizo allá en los tiempos de Don Falcone (Dios lo tenga en su regazo) ya no está hoy para confirmarlo; me “encargué” de él, ruidosamente, y desde entonces el mote ése es sinónimo de amistad para el que me conoce de cerca y de miedo para el que no. Además “Oswald Chesterfield Cobblepot” dejó de existir hace mucho tiempo. Murió casi en el momento en que nació pero ya les conté suficiente de mi familia.

¿Villano yo? Tal vez hoy yo sea el villano pero mañana lo será el murciélago, ya conozco a mi gente, y yo seré considerado el mayor benefactor de la ciudad incluso por encima de los Wayne.

¡Mejor aún! Mañana seré alcalde de Gotham, ¿por qué no?

- Roy Lobo (4.oct.2019)
Inspirado en las historias y personajes de DC Comics, Bob Kane y Bill Finger

lunes, 9 de octubre de 2017

Conversaciones urbanas (y el chismoso que las escucha): Tom Petty


I'm learning to fly, but I ain't got wings, coming down is the hardest thing.

(Fragmento de la canción “Learning To Fly” de Tom Petty

Esta plática la oí en un autobús mientras fingía que escuchaba algo en mis audífonos:

─¿Oíste, güey? Se murió antier Tom Petty.

─¿Tom Peti? Y, ¿quién es ése cabrón?

─Es el que canta esa de “Free Fallin’”.

─No, pues… ¡no sé!

─Es la que canta “Jerry” en su coche, en la de “Jerry McGuire”. Algo así: “¡I’m a freeee, free faaaallin’!… ”, ¿no la has escuchado?

─Tal vez la recordaría pero cantas muy mal. ¿Qué es eso de “Yerry Maguair”?

─Es una película.

─Pues… no la he visto, ¿sale alguno de los “Bichir” o “El Cochiloco”?

─¡No!… Bueno… más bien, no sé. La película es gringa y ya es vieja.

─Entonces, ¿sale Pedro Armendariz? Ese salió con el “007”, ¿no?

─Esa que dices es mucho más vieja. Aunque “El Cochiloco” salió en una de las nuevas de “James Bond”, eso sí. Pero la que yo te digo es de los noventas. Ahí sale Tom Cruise.

─¿Tom Cruz? ¿Tomás Cruz? Creo que lo he escuchado pero… no recuerdo de dónde… canta huapangos con mariachi, ¿no? ¡Ah, espérame! Es ese que canta con la Sonora Santanera.

─¡Tomás Cruz no! ¡Tom Cruise! Es el que actúa en las de “Misión: Imposible”.

─¡Ah! Sí recuerdo esa serie de los setentas pero la vi muy poco.

─No es la serie de televisión. Son unas películas más recientes basadas en la serie.

─Pues… no las he visto tampoco. ¿Sale algún conocido en esas?

─En la primera sale Jon Voight.

─¿Jon Voit? Y, ¿quién es ese cabrón?

─No lo sigo mucho, güey, pero creo que es un actor muy reconocido. Lo que sí sé es que es el papá de Angelina Jolie; a ella sí la recuerdas, ¿no?

─Es la morena buenota, la de los labios gruesos, ¿no? La que tiene un montón de hijos de varios países.

─¡Esa es! Ella es hija de Jon Voight.

─Pues no, no recuerdo a ese cabrón de todas maneras. ¿Actúa algún otro?

─En la segunda sale Anthony Hopkins, ¿lo ubicas?

─No, de nombre no, ¿es bueno ése?

─¡Actorazo! Es “Odín”, el padre de “Thor” en las películas.

─¿Odín y Tor? Y, ¿quiénes son esos cabrones?

─¿No los conoces, güey? Son unos superhéroes de los cómics, “Thor” sale también en los “Avengers”.

─No me gustan los héroes gringos. A mí “Chanoc” o “El Santo”, esos sí eran héroes para que veas.

─Bueno, bueno… ¿viste la de “El silencio de los Inocentes”?

─No la recuerdo…

─… la de “Hannibal Lecter”, la primera que salió.

─¡Ah! “Anibal, el Canibal”, sí, ¡cómo no!, la vi y hasta en el cine: “ … me comí su hígado con unos frijoles y un buen quianti… fht, fht, fht, fht…”, así dice, ¿no? Nunca supe qué es “quianti”.

─Es un vino italiano, se escribe con “CH” pero se pronuncia con “Q”.

─Pues hasta ahora sé que eso es un vino, yo pues… ya ves, ¡pura cerveza y tequila!

─¡Ah! Pues ese es Anthony Hopkins, el que actúa de “Hannibal Lecter”... y acabo de recordar que ahí, en esa película, se oye la canción “American girl” y, ¿sabes quién la canta? Tom Petty.

─¿Tom Peti? Y, ¿quién es ese cabrón?

─¡Pero si te acabo de decir, güey! Es el que se murió antier.

─¡Ja, ja, ja, ja! Nada más me estoy burlando. De todas maneras, no recuerdo esa canción tampoco. Después me pasas unos links… ¡Oye! Ya nos bajamos en la siguiente. Toca el timbre, por favor.

Y, como buen “activista de smartphone” que soy, después de que bajaron del autobús, me puse a buscar en Internet a “Tom Petty” para conocerlo y publicar mis condolencias en las redes sociales, ¡no vaya a ser que pase de moda rápido!

- Roy Lobo (4.oct.2017)

lunes, 14 de agosto de 2017

Último recurso


Listen to the rhythm of the falling rain telling me just what a fool I've been, I wish that it would go and let me cry in vain and let me be alone again.

(Fragmento de la canción “Rhythm of the Rain” de John Claude Gummoe)

─… ¡debo intentarlo, Güicho, es mi último recurso! ¿Cómo me dijo Suzy? Primero un paso al frente, levanto la rodilla, uno, dos… ahora el otro pie al frente y la otra rodilla, uno, dos… ¡ah! Y levanto los dos brazos apuntando al cielo al mismo tiempo, uno, dos, uno, dos… y grito eso de “¡Ay-ya-ya-ya!, ¡ay-ya-ya-ya!...”.

Por fin desistí de convencerlo de lo contrario y mejor me hice a un lado y me senté en la barda de la azotea donde nos encontrábamos los dos discutiendo lo ridículo de éste, su último recurso: hacer llover con su danza para arruinarle los planes a Pily, una muchacha de su barrio con quien estaba obsesionado.

─¡Güicho!, era así, ¿no? Uno, dos, uno, dos, ¡Ay-ya-ya-ya!, ¡ay-ya-ya-ya!...

─Yo no sé y ni me interesa. Ya bastante incómodo fue para mí llamar y presentarte a mi ex para que te enseñara ese baile. Haz lo que quieras, ya te dije que esas son puras tonterías para mí. Mejor me tomo mi cerveza aquí donde estoy ─volteé hacia la acera de enfrente donde alguien que reconocí caminaba─. ¡Mira! Ahí va Irene, ¡qué bien se ve en ese vestido!

─¡Estás jodiéndolo todo, Güicho! No ayudas a la “conciencia colectiva del cosmos”, entre más seamos, mejor. Ven y baila conmigo, uno, dos, ¡ay-ya-ya-ya... !

─¿En serio crees que puedas hacer llover con un bailecito como ese? Te recuerdo que Suzy no es ninguna chamana ni sacerdotisa ni bruja ni nada de eso, nada más es folclorista de los amerindios. Además casi ni hay nubes, ¿en serio esperas que toda la ciudad se llene de nubes para que Pily no salga hoy a ese paseo con su exnovio? ¿No crees que los “dioses” tienen asuntos más importantes por atender que hacer llover para ti?

─¡Esa es mala actitud, Güicho! ¡Tus “malas vibras” no ayudan! ¡Perdí el ritmo! ¡A ver, otra vez! Uno, dos, uno, dos, ¡ay-ya-ya-ya, ay-ya-ya-ya… !

─¡Al cosmos no le importas, César! Y creo que el universo más bien no quiere que tú y Pily estén juntos. ¿Qué pasó la primera vez que le ibas a hablar? Recibió una llamada justo en ese preciso momento y salió corriendo apurada. Luego, la segunda vez, cruzaste imprudentemente el paso de bicicletas y se estrelló un pobre ciclista contigo, ¿y Pily? ¡Ni en cuenta! Estaba de espaldas y muy lejos para siquiera notar tu accidente y lo golpeado que quedaste. ¿Y luego?, ese fin de semana que le llamaste a su teléfono, no sé cómo conseguiste su número pero, ¡ni se te entendía lo que hablabas! En buen momento se te ocurre conocer el vodka-martini de James Bond y tomarte tres en media hora. Lo bueno, es que nunca supo quién la llamaba y nada más te colgó, gran primera impresión le hubieras dado.

─¡Mejor cállate si no me vas a ayudar, Güicho! ¡Ya me hiciste perder el ritmo otra vez! ¿Sabes qué? Voy a cambiar el paso, al fin todo esto tiene que ver con fe y yo tengo mucha en este momento. ¡Manos entrelazadas por atrás! Y el zapateo era… ¿cómo era? ¿Cómo me enseñó la maestra? Tacón, tacón, punta, punta… sí, creo que así era, uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro y, ¡claro!, el canto: “¡Negrita de mis pesares, ojos de papel volando, a todos diles que sí pero no les digas cuándo… !”.

─¡Ja! ¿Ahora “El son de la negra” va a hacer llover? Mejor intenta con “La llorona”, creo que también la bailaste de niño en la primaria, ¿no? A lo mejor los dioses lloran al verte y por fin nos llueve algo.

Le dije esto con burla y le di otro trago a mi cerveza. Detuvo el baile, subió a la barda y levantando los brazos exclamó al dios del agua:

─¡Vamos Tláloc! ¡Ayúdame! ¿Qué te cuesta una lluvia? ¡Ya perdí el ritmo otra vez! ¡Otro paso! ─bajó de la barda al piso de la azotea y continuó─ El “moonwalker” de Michael Jackson, ese sí me salía bien… sí… así, deslizo con la punta, luego la otra y, ¿cómo era la letra? ¡Ah, sí!: “Billie Jean is not my lover, she's just a girl who claims that I am the one…”, luego me agarro la entrepierna y termino con un: “¡Yiii, jiii!, ¡Auuu!”.

─Se va a morir nuevamente el “Rey del Pop” si te ve bailando, César, pero… tal vez coopere con unas lágrimas, eso sí ─nuevamente le dije con sarcasmo.

─No, ¡no está funcionando, Güicho! ¡Más fe! ¡Necesito más fe!

Detuvo el baile drásticamente y se subió de pie sobre la barda nuevamente y gritó al cielo:

─¿¡Qué quieren de mí!? ¿¡No van a ayudarme en el amor, malditos dioses!? Sólo soy alguien que quiere compartir su vida con Pily, ¿no merezco una ayudita? ¿Dónde están? ¡Los necesito aquí!

─¡Desiste, amigo! Mejor tómate una cerveza conmigo ─le dije.

De repente, por detrás de nosotros encima del techo de la terraza en la azotea donde nos encontrábamos, un cielo nutrido de nubes que no habíamos visto antes se asomaba al tiempo que nos deslumbró un rayo seguido del trueno casi a la par. Siguieron varios relámpagos y César y yo nos quedamos viendo el cielo varios minutos.

No pasó mucho tiempo en que sentí una gota en la cara, ¿habría escuchado Tláloc? César, saltó de la barda hacia el piso de la azotea y volvió a iniciar el baile y canto “originales” con piernas y brazos.

─Uno, dos, uno, dos, ¡ay-ya-ya-ya, ay-ya-ya-ya, ay-ya-ya-ya… !

Impresionado un poco de sentir las gotas, decidí gritar junto con él; sin soltar mi cerveza, ¡por supuesto! Me subí también a la barda y levanté los brazos al tiempo que grité:

─¡Tláloc! ¡Venga esa maldita lluvia! ¡Mójanos con tu santo goteo! ─César volteó sorprendido hacia mi y luego reanudó su baile y yo junto con él. Después de unos minutos en que insistíamos con nuestro “ritual”, el cielo se veía más nublado y llegaron las gotas gruesas y tupidas casi inmediatamente. Detuvimos el baile y él subió nuevamente a la barda de la azotea y con los brazos levantados y puños cerrados gritó:

─¡Gracias Tláloc! ¡Gracias Dios o… dioses! ¡Lo sabía! Lo sabía ─volteó hacia mí─. ¿Ves Güicho? El cosmos SÍ quiere que invite a salir a Pily.

─Pues… hoy Tláloc parece que te hizo caso, César, pero tengo mis dudas todavía ─le di un trago más a mi su cerveza mientras la lluvia comenzaba a arreciar. Decidimos refugiarnos debajo del techo de la terraza.

Mientras, en la acera de enfrente, una muchacha buscaba refugiarse de la lluvia y llegaba casi corriendo hasta un pequeño techo que sobresalía en la entrada de una de las casas. La reconocí inmediatamente.

─¡Güicho! ¡Mira enfrente, es Pily!

Me gritó César señalándome a la muchacha. Aunque arreciaba todavía más la lluvia, caminó hacia la barda y, agitando un brazo, le gritó:

─¡Pily! ¡Hola Pily! ¡Acá arriba!

Después de unos instantes de tratar ubicar la procedencia del grito, volteó hacia donde se encontraba mi amigo y le contestó:

─¿César? ¿Qué haces ahí mojándote? ¡Te vas a enfermar!

─¿Qué?

─¡Que no te mojes! ─el sonido de la lluvia nos impedía escuchar bien a los tres.

─¡Discúlpame, Pily! ¡Está lloviendo por mi culpa! ─le gritó César.

─¡Ay! ¡No te escucho bien! ¿Que está lloviendo por tu culpa? ¿Eso dijiste?

─¿Qué? ¡No te escucho! ¡Espérame ahí!

Sin pensarlo dos veces, bajó como pudo de la azotea y no le importó mojarse en la fuerte lluvia que ya nos empapaba. Lo vi cruzar la calle corriendo y se refugió ahí mismo donde se encontraba Pily. Los vi conversar y luego reírse por algo que ha de haberle dicho mi amigo. Pasaron pocos minutos y, sin más, salieron de su refugio los dos y comenzaron a caminar sin importarles la lluvia. Varios pasos después, César y Pily voltearon hacia donde yo estaba y se despidieron agitando un brazo. Hice lo propio también y les sonreí.

Al verlos ya de espaldas caminando tranquilamente bajo el aguacero, le di un sorbo más a mi cerveza y pensé para mis adentros: “Todavía no me convences, dios de la lluvia, pero… ¿habrá alguna manera en que me ayudes el lunes con Irene?”

Roy Lobo (14.ago.2017)

martes, 25 de julio de 2017

Reencuentro


“Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido, procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz.”

(Fragmento de la canción “Hoy ten miedo de mí” de Fernando Delgadillo)

¡No quiero llegar a la cita!, me aterra que de nueva cuenta nos miremos frente a frente. Y es que todos los días es lo mismo aunque, en cierta forma, ya estoy acostumbrado.

Pero, costumbre o no, sigue siendo incómodo en el mejor de los casos. Y no sólo es que en su cara observaré otra vez reproche, decepción y hasta preocupación; hoy especialmente veré salir nuevamente a la “bestia sedienta” que ha estado escondida por días sin más consuelo que algunos lapsos de sueño obligado por los estupefacientes que a propósito le he suministrado. He estado retrasando la cita pero, la verdad, es que entre más prolongue este encuentro más duro será el golpe que me espera… y le tengo más miedo a ese dolor.

Y es que hace años le hice promesas que hasta hoy no he cumplido. Fue fácil ignorarlo los primeros meses, él y yo acordábamos que el próximo sería… pero así fue cada mes hasta que llegó uno en el que no pude más y para callar su reclamo utilicé drogas; al inicio sólo alcohol pero después cosas más fuertes. Funcionaba.

Entraré a mi casa, seguro inconscientemente buscaré alguna distracción que retrase aún más mi encuentro pero hoy decididamente no haré caso; subiré las escaleras y entraré al sanitario. Colocaré las manos sobre el lavamanos y, lentamente, moveré mis ojos hacia el espejo y observaré con determinación a los ojos de la bestia que me espera impacientemente en las mayores profundidades de mi conciencia.

Roy Lobo (28.nov.2015)

sábado, 15 de julio de 2017

¿Muerto?


“Soy vecino de este mundo por un rato y hoy coincide que también tú estás aquí, coincidencias tan extrañas de la vida, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”

(Fragmento de la canción “Coincidir” de Alberto Escobar)

Estoy consciente. Soy consciencia.

Puedo decidir el siguiente instante pues en este momento soy como Dios, parte de Dios y soy Dios porque él es como yo, él es parte de mí y él es yo. ¡Tan fácil que es notarlo! No me explico ¿por qué tardé 88 años (y “pico” ) en darme cuenta? Y, la verdad, es que pude haberlo sabido. Me preguntó, ¿por qué cuando fui concebido lo olvidé?

Hace unos instantes lo recordé y, debo decir, ¡que impresionante es darse cuenta! No puedo creer las “vueltas” que le di a todo este asunto. De haber sabido no hubiera esperado tanto, me hubiera entregado cuando tuve la oportunidad… ¡Ah! La costumbre de decir “hubiera”. Perdónenme por favor, apenas me doy cuenta.

Sin embargo, no me arrepiento. Sí, dejé pasar oportunidades cuando el pensamiento me señaló una y otra vez el camino que yo, por ignorancia, terquedad y flojera decidí pasar por alto pero todo fue parte de este preciso momento. Todo debía suceder así (hasta cuando me pregunté si todo debía ser así).

Tenía que pasar incluso ese “trauma mortífero de la muerte mortal” que tanto distraía mi pensamiento. ¿Por qué me enseñaron a temer la muerte? ¿Por qué me permitieron aprender ese miedo? O la cuestión importante tal vez sea ¿estuvo a mi alcance la respuesta y yo solo decidí cerrar los ojos a lo evidente?

Mal nombre ese que se le dá a la muerte, da una idea de “final”, “hasta aquí”, “no hay más” y... no es verdad, nada más alejado de esas definiciones.

Porque no morí, sigo estando aquí y ahí, sigo siendo allá y acá; soy diferente pero, al mismo tiempo, el mismo. Estoy con todos ellos y soy UNO con todo eso que, en apariencia, dejé. Soy obra y soy recuerdo. Soy mal ejemplo pero también bueno. Soy materia y energía, transformada sí, pero la misma al fin. Soy emoción en unos y acción en otros. No estoy perdido en la inmensa pero claramente finita nada.

Soy inspiración y deseo aunque también decepción y repulsión. Soy odio pero también amor aunque muchos no se hayan dado cuenta.

Así que, en realidad nunca me “fui” a pesar de quedar una extraña creencia de que así sucedió.

Soy verdad, sé lo que es la perfección y, al fin, soy feliz. Comprendo por qué nunca conocí eso estando “vivo” pero también entiendo las razones de mi insistencia en lograrlo.

Mi materia es polvo de estrellas ahora, siempre lo ha sido y yo soy pensamiento, siempre lo fui y siempre lo seré.

¡Qué fácil era! ¡Qué ingenuo fui!

Aquí y ahora, simplemente, ¡soy!

- Roy Lobo (2011)

jueves, 6 de julio de 2017

Tránsito vehicular


“Mi corazón me sepultó en la soledad; viví para mí, viví sin amor, temeroso del dolor que yace en él.”

(Fragmento de la canción “Descansa En Paz” de Joaquín Padilla)

Se encontraba en plena ruta a las metas que había deseado llegar desde hacía ya tiempo. Tenía treinta y cinco años, soltero todavía. Muchos le decían que así estaba bien, soltero, que no cometiera el error de casarse. Su madre, en cambio, no perdía la oportunidad de recordarle que ya quería nietos y que se cambiara diario de camisa para que no conservara esos apestosos humores. Si te vuelves a poner esa pinche playera sudada, es como si no te hubieras bañado m'ijo, decía la madre. Secretamente él deseaba encontrar el amor, nunca lo externó, ni a sus padres ni a los que le decían que así solterito estaba bien.

En ese momento había terminado de pagar una deuda añeja en esa tarjeta que lo mantenía como un foco rojo en el mentado buró de crédito. ¡Cuánto le había costado su ignorancia financiera! Al menos no tenía familia propia a quien arrastrar con él. Pero le costó tiempo y, por supuesto, mucho dinero saldar esa deuda.

Hoy, sin embargo, sonreía. Habían pasado los tiempos del estrés auto-infringido. Hoy se sentía libre mentalmente y lo notaba pues se descubrió a sí mismo pensando en una nueva idea de negocio y en renovar su coche por uno japonés que, según él sabía ya, eran los de batalla. Tenía que ser un automóvil nuevo, no usado ni semi-nuevo, nuevecito de paquete como oyó una vez decir en la radio. Uno al que no se le meta el agua como al suyo y que le permita al menos acelerar un poco en la lluvia. Sí, el coche que manejaba en ese momento había sido una fuente importante de ese estrés vivido en el pasado.

Interesantes tiempos, pensaba mientras regresaba a su casa a comer. ¿Le comentaría a su madre lo de la deuda saldada? ¿Para qué? No le había contado de la deuda todos estos años para no preocuparla. No había caso mencionarle que hoy por fin se había terminado el problema. Haría, en su lugar, algo audaz. Algo que nunca había dicho antes pues en su familia siempre fueron un tanto fríos y faltos de palabras para estas situaciones. Le diría por primera vez y con palabras: mamá, te quiero. Y no es que ella no lo supiera, era una de esas cosas que se asumen y nunca se dicen por falta de costumbre. Él, sin embargo, hoy lo haría.

Así era el optimismo que en ese momento vivía. Hoy, por fin, él daría el primer paso y un brillo en sus ojos destelló.

Mientras, un atorón en el tránsito vehicular hizo que detuviera momentáneamente el coche. Le faltaban únicamente tres cuadras para llegar a casa de sus padres y sólo alcanzó a ver al policía que desviaba la circulación por otra calle. Sonrió al recordar algo que le oyó a un amigo: Con esos mordelones ya no sabes si sentirte seguro o en peligro cuando se asoman.

Él se sabía las calles de memoria y decidió tomar su propia desviación para llegar a su casa, nunca el morbo logró persuadirlo a que viera al muertito (y no es que no quisiera verlo, él reprimía el impulso en su afán de no pertenecer a la nacada como él la conocía). Tomó otra calle y le llevó sólo unos minutos más llegar.

Después de estacionar el auto y entrar a su casa, le extrañó no encontrar a su madre. Debía ya estar ahí como era su costumbre. Tomó asiento en uno de los sillones de la sala de la entrada y reflexionó un momento en cómo le diría a su madre lo que planeaba, era un paso totalmente nuevo para él (y probablemente para toda su familia) pero, estaba decidido, había que hacer cosas nuevas ¡ya!

Para esperarla, decidió hacer algo que hace mucho tampoco hacía: encendió la televisión. Sintonizaba un canal local que seguro había dejado puesto su madre la noche anterior. Estaba a punto de cambiar la señal cuando lo detuvo algo que llamó su atención: un accidente de tránsito. Decidió hacerle caso al morboso naco que siempre lo acosaba en estos casos.

La narradora amarillista de la nota mencionó algo que le llamó más la atención: las calles del accidente. Era el accidente a unas cuadras de su domicilio que había evitado hace unos minutos. Parece que era importante pues el tránsito vehicular se había extendido varias calles a la redonda. El chófer de un minibús urbano con pasajeros dio una vuelta bruscamente cuando un niño en bicicleta cruzó imprudentemente la calle principal. Otros dos autos giraron también cuando vieron muy cercano al minibús y no pudieron evitar chocar entre sí y bloquear las calles.

En ese momento todo comenzó a darle vueltas a su alrededor. Una opresión muy grande sintió dentro de él. No pudo ponerse de pie pues las piernas no le respondieron. Solo acertó a hundirse aún más en el sillón, paralizado por lo que acababa de ver y escuchar en el televisor.

No es que hubiera sido una gran tragedia para la ciudad. El niño en bicicleta, chófer y pasajeros del minibús y los carros salieron ilesos y los vehículos sólo con daños menores. Ningún edificio sufrió daño alguno tampoco. El minibús en su brusca vuelta sólo invadió una de las banquetas.

La única víctima fatal del accidente fue una señora de avanzada edad que caminaba por la banqueta rumbo a su casa, fue arrollada por el minibús que la invadió en su rápida y brusca vuelta. Ella, con su paso lento, no pudo evitarlo.

Era su madre.

- Roy Lobo (24.abr.2011)

viernes, 30 de junio de 2017

Cuatro tequilas


“Arráncame la vida con el último beso de amor, arráncala, toma mi corazón. Arráncame la vida y si acaso te hiere el dolor ha de ser de no verme porque al fin tus ojos me los llevo yo.”

(Fragmento de la canción “Arráncame la vida” de Agustín Lara)

─Ahí están los seises ─dijo Moncho colocando la ficha Seis-Seis en el centro de la mesa.

─Te doblo tu seis ─respondió César con la ficha Seis-Dos.

─Y yo te saco el doble-dos ─agregó Rafa con su ficha Dos-Dos.

Era el turno de Lacho al dominó pero tardaba en decidirse. Hacían ya varios minutos que el rostro de Lacho delataba que se encontraba en otro lado menos en la partida de dominó.

─¿Qué te pasa, Lacho? ─preguntó Moncho.

─¡Toño! ¡Tráeme cuatro tequilas! ─gritó de repente Lacho al cantinero.

─Pero, Lacho, te hace daño, a tu edad y con tus achaques capaz que te nos mueres aquí en la mesa. Además, nos hace daño también a nosotros tres ─advirtió Moncho.

─¡Pues me vale un sorbete mi salud y la de ustedes, Moncho! Además, los cuatro tequilas son para mí sólo ─le contestó Lacho─. ¡Toño! ¿Me oíste? Cuatro tequilas, ¡y del bueno!

─Pues yo no me lo tomaría aunque me lo ofrecieras, Lacho, bonito ridículo haría yo aquí, ¡y a mi edad! ─reclamó César.

─Tú siempre has sido un miedoso, César, siempre tan remilgado y afeitado aquí en el dominó, a tu edad, como bien dices, deberías soltarte más, vivir más la vida, ¿cuánto tienes sin beberte un mezcal siquiera?

─Y tú, ¿qué te traes, Lacho? Andabas desde hace rato muy callado y en este momento reventaste y diciendo puras sandeces ─reclamó ahora Rafa.

─¿Qué reclamas, Rafa? A ver si un día a la semana no le llamas a tu señora para avisarle que ya vas para allá como si no supiera en dónde y con quién estás todos los días.

Y Ramón contestó:

─Ya, Lacho, está bien, somos unos cobardes pero hasta hoy eres bien conocido como ese que no ha pisado tres metros más allá del letrero ese que dice “Bienvenidos a Tlaquepaque”. Si nosotros somos miedosos, tú has estado en este club del dominó de cobardes desde hace cuarenta años. Creo que no quieres decir por qué andabas tan callado desde hace rato. Así que dinos ya qué te pasa, ¿por qué hoy andas tan distraído en el dominó?

Toño, el cantinero, llegó con los cuatro “caballitos” de tequila que acomodó en la mesa junto a Lacho. Inmediatamente, éste tomó uno de los vasitos y se bebió el primer tequila de un sólo trago. Tosió un poco, hizo unos gestos de amargura y se quedó mirando el vaso vacío.

─Esto sí que es bueno ─afirmó con seguridad Lacho a sus compañeros. Tomó el segundo “caballito” y también se lo sorbió de una sola vez con un muy visible gesto de satisfacción. Levantó la mirada hacia sus amigos y con determinación prosiguió con su diálogo─. Amigos… tengo un mal cardiaco muy avanzado y en etapa terminal. Tal vez me muera mañana aunque tal vez les aguante todo el mes pero no más. Apenas lo supe hace unos días y llevo pensando desde ayer qué quiero hacer el tiempo que me queda.

Los tres oyentes se quedaron fríos observándolo, nada salió de sus bocas ni siquiera un respiro. Lacho levantó el tercer vasito de tequila y, nuevamente, de un sólo trago lo bebió completo.

─Insisto, ¡qué buen tequila! ¡muy sabroso, Toño, gracias! ─le gritó Lacho al cantinero. Sacó de uno de sus bolsillos un pequeño marco con un contenido que ya los demás conocían. Volvió la vista a sus compañeros y prosiguió─. Así es amigos, me llega la muerte. Me persigue desde hace meses y ni cuenta me había dado y antes de que me alcance quiero pedirles un favor: como bien saben conservo como mi máximo tesoro esta servilleta con el borrador de una canción de Agustín Lara que escribió él mismo en una de estas mesas cuando yo ocupaba el puesto de cantinero. Ya el maestro Lara era famoso y yo, aunque sorprendido por su presencia, no dejé de atenderlo con tequilas así como hoy me atiende Toño. Ya saben también que don Agustín dejó la servilleta como si fuera basura y yo rápido le pedí que me dedicara en ella el saludo que ya ustedes conocen “A mi amigo Horacio López. Agustín Lara” y al que accedió de muy buena gana el maestro.

”Tengo toda la intención de llevar ésta servilleta a la Casa Museo Agustín Lara, en Veracruz, donde sea expuesta y se vea esta dedicatoria con mi nombre. Yo, que nunca hice nada espectacular ni trascendente en mi vida y que ni siquiera he salido de aquí de Tlaquepaque, tengo la oportunidad de ser visto en un museo, de ser mencionado de aquí en adelante como ‘el misterioso amigo de don Agustín al final de la servilleta’.

A César y a Moncho les comenzaba a correr una lágrima. Rafa salió primero del estupor que le había causado la mala noticia de su amigo y lo interrumpió:

─A ver, espérame, ¿cómo está eso? ¿Estás seguro de ese diagnóstico? ¿No hay nada que se pueda hacer ya? ¿Ya fuiste con otros médicos?

─Ya está revisado y constatado varias veces y con muchas personas. Esperar un corazón nuevo es ya imposible sobre todo por la edad que tengo. Así que ya arreglé documentos y deberes. Es lo bueno de saber que se va uno a morir, se hace uno el tiempo para hacer muchas paces. Lo único que me faltaba era avisarles a ustedes y, ¡heme aquí!

Al ver a sus amigos llorosos, Lacho, también permitió que una lágrima se le saliera y prosiguió:

─El favor que quiero pedirles, amigos, y antes de que pase más tiempo, es que lleven ustedes o alguno de ustedes esta servilleta enmarcada al museo si por alguna razón yo no puedo hacerlo, ¿me pueden complacer?

Todos guardaban un silencio de sepulcro, incluso Toño, el cantinero, no se atrevía a interrumpir para ofrecer algo más a la mesa pues había escuchado todo el monólogo de Lacho desde la barra donde se encontraba limpiando vasos.

─Vas a ver que no será necesario, Lacho, seguramente irás tú mismo a entregar esa servilleta. Así que no te apures ─le respondió a César con precaución.

─Esa es mi intención, César, pero prefiero escuchar su promesa por si mi destino fuera no salir nunca de Tlaquepaque ni siquiera al panteón.

─Está bien, Lacho, yo lo hago ─por fin habló Moncho─, sólo o con éstos dos, yo mismo llevo tu tesoro al museo.

─Cuenta conmigo ─dijo César─.

─Conmigo también, ¡faltaba más! ─agregó Rafa─.

─¡Bien! Pues todo está arreglado.

Lacho levantó de la mesa el último “caballito” de tequila, lo contempló un momento y, sin más, se lo bebió y exclamó: “¡Qué buen tequila!”. No pasó ni un minuto cuando dejó el vasito en la mesa y se llevó la mano a su antebrazo derecho, como si hubiera sentido una punzada. Agachó la cabeza con los ojos muy cerrados, encogiéndose de hombros como haciéndose pequeño. Algo le oprimía el pecho y un instante después… dejó de sentir, todo su cuerpo se relajó y se quedó quieto atrapado ahí entre el borde de la mesa y el asiento donde reposaba.

Después de varios segundos sin reaccionar ante la escena que presenciaban los demás, se levantó Rafa con los ojos llorosos al ver inmóvil a su amigo. Acercándose y tomándole del brazo dijo:

─Lacho, ¡Lacho!

Los tres por fin comprendieron con pesar lo que sucedía.

─Se fue, Rafa, ya nos dejó Lacho ─dijo César y se levantó rodeando a Rafa con su brazo.

Moncho no dijo nada. Otra lágrima apareció en su rostro. Se levantó de su silla y tomó la servilleta enmarcada guardándosela en uno de sus bolsillos.

Roy Lobo (29.jun.2017)
Inspirado en una escena del filme En el último trago” (2014)

jueves, 20 de abril de 2017

Diálogos entre Atlein y Tlamat (I)

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Atlein, como acostumbraba desde que regresó de su aventura en el poniente, volvía al refugio después de largo tiempo en el que observaba el cielo nocturno tirado en la cima de esa colina que frecuentaba en esos días. Después de vacilar otro momento afuera de la entrada de nuestro refugio y donde le dio una última mirada a la luna, por fin entró listo para descansar después de un día provechoso de caza y recolección de frutos secos, tareas de las que dependíamos en esos días durante el tlaseseyan en que la luz duraba menos tiempo que las noches.

Visitábamos poco la gran ciudad para intercambiar nuestros productos en los tianguis; en realidad evitábamos ir y es que, además de necesitar casi un día completo para hacer el viaje a buen paso, contábamos con algunas amistades viajeras procedentes de ahí que gustaban detenerse a descansar en cada ocasión debajo de las sombras regaladas por un grupo de frondosos árboles que nos hacían el favor de crecer aquí alrededor del refugio. Yo mismo planté varios de esos árboles cuando Atlein era un niño muy pequeño.

Ya tendría él dieciséis o diecisiete años pero, a falta de otras personas con las que pudiera interactuar, no le quedaba más remedio que conversar conmigo. Conforme pasaba el tiempo se interesaba cada vez más en mis opiniones; se había vuelto un joven muy reflexivo después de su aventura. En las tardes ya casi para anochecer, encontraba siempre el tiempo de tirarse en ese lugar del que se apropió años atrás, dejaba que la noche se acercara y aparecieran las primeras estrellas; le gustaba mirarlas y reconocer formas que tiempo atrás habíamos descubierto y nombrado él y yo.

Algo habrá reflexionado aquel día a la luz de la luna que no se durmió inmediatamente después de recostarse; con los ojos abiertos y mirando hacia nuestro techo, algo interrumpió sus pensamientos de tal manera que se incorporó en su lecho y decidió compartirme:

─Padre, cuando hablas de todos los ipalnemohuani, incluso de la Dualidad y el propio Ometéotl, no hablas de ninguno de ellos como si fueran dioses, al menos no como hablan de ellos los sacerdotes de los templos de la ciudad. Aunque comprendo ese modo especial que tienes de entender las cosas, me pregunto si así lo podrían entender los sacerdotes.

─Los sacerdotes que conozco son todos intolerantes a ideas como éstas y más los de la ciudad. Son muy pocas las personas con las que puedo compartir estos pensamientos y casi ninguna de ellas vive ahí, tú eres una de esas pocas personas. No niego que deseo debatir con ellos estas ideas para abrirles los ojos a todos los que los siguen y escuchan, me gustaría mucho que dejaran de temerles y que fueran libres de pensar lo que quieran pero, en el mismo momento en que un sólo sacerdote me señale como “blasfemo” enfrente de todos… no imagino el alcance de lo que pasaría.

”No dudo que en el mejor de los casos me encierren por varios días y eso a cambio de que me desdiga con la misma contundencia con la que haya cuestionado… pero, en el peor de los casos, podría ser yo el siguiente sacrificio para apaciguar “dioses ofendidos”, según ellos.

─Eso es lo que me preocupa, Padre… aunque ya comprendo que lo tienes en cuenta.

─Pero, ¿sabes qué es lo que más me desanima de decirles? Que sería esa gente a la que quiero ayudar la que se avalance en mi contra por cuestionar la “sagrada” autoridad de los sacerdotes. La experiencia me ha enseñado que ayudar a quien no se deja ayudar es, casi siempre, una mala decisión y un proceso doloroso en todos los casos.

Yoltic fue uno de esos pocos casos dolorosos que valieron la pena, mucha pena. Cuando teníamos tu edad no había día en que no tuviéramos uno o los dos ojos morados por las discusiones que teníamos a la salida del templo y que terminaban en golpes. Mucho tuvimos que aprender desde entonces pero, ya ves, nos sigue trayendo mercadería cada vez que pasa por aquí y me da mucho más de lo que le pido a cambio de lo nuestro. Él es otro de los pocos que conoce mis ideas.

─¿Y no temes que te delate?

─No tengo por qué, él también comprende mi forma de describir la religión y los dioses. Además, no lo ha hecho en todos estos años, creo que si hubiera querido entregarme ya lo hubiera hecho, ¿no crees? Él mismo me ha dicho que una de las razones por las que es un mercader es por salir de la ciudad y no tener que escuchar los mismos ritos y sermones todos los días. Ha de ser duro ser el primogénito de padres tan devotos a los ritos en honor a los dioses.

─Pues esperemos que todo siga así, Padre.

─¡Claro que sí! De algo sirve vivir lejos de ese lugar. ¿Ya estás más tranquilo?

─De eso sí pero… todavía tengo otra pregunta. Ésta es acerca de los dioses y de tu forma de hablar de ellos. La religión dice que Ometéotl se divide en Ometecuhtli y en Omecihuatl y de ellos surgen los demás creadores Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tláloc y Ehécatl y luego nacen Coatlicue, Tonahtiu y luego de ellos Huitzilopochtli… y así todos los demás dioses patronos. Cada uno de ellos tiene su creador excepto Ometéotl que “se creó a sí mismo” según los sacerdotes y lo que tú me has dicho pero quiero saber qué piensas tú, ¿cómo es que alguien o algo que no existe en un principio puede crearse a sí mismo partiendo de nada?

Me sorprendió la pregunta, nunca hubiera creído que un joven de su edad se interesara por esa clase de dudas y tan elocuentemente. Se me olvida constantemente que regresó más maduro de su experiencia en el poniente. Di gracias a todos los ipalnemohuani (a quienes, irónicamente, yo muchas veces he negado) porque me hiciera esa pregunta a mí y que no llegara a oídos de los sacerdotes. Solo acerté a responderle:

─Ya es tarde, Atlein, pero te prometo que mañana te digo lo que pienso… siempre y cuando terminemos antes nuestras tareas porque necesitaremos más tiempo que el que hoy tuvimos ─sentencié pensando que tal vez tendríamos mucho trabajo y se le pasaría el deseo para entonces─. Duerme ya y nos preparamos para eso mañana.

Me pregunté luego a mí mismo en silencio:

─Mañana, mañana… ¿qué clase de respuesta le daré mañana si no se le olvida? Porque a mí no se me olvidaría esa pregunta que tantas veces me he hecho. ¿Cómo se contesta una cuestión que yo mismo no entiendo?.

Roy Lobo (21.abr.2017)