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lunes, 19 de octubre de 2020

Mis memes, mis musas: Borracho que se respeta

Dedicado a un cantor borracho que conozco... ¡perdón! A un artista que se hidrata la garganta para cantar "más mejor" (como bien dice un tío mío del sur de Jalisco).


miércoles, 4 de marzo de 2020

Payada de dos hombres arrieros, recios y machos (O “El secreto tras lomita”)

“Los Arrieros”, fotografía de Claudio Guzmán

“Ya los arrieros se van y yo que los voy siguiendo. ¡Ay, qué bueno esta mi amor y más que se irá poniendo!”

(Fragmento de la canción “Los Arrieros”, letras de Rubén Fuentes)

(Arriero 1)
Óigame usté, buen arriero,
quiero retarlo muy serio
y comprobar si es tan hombre,
espero usté no se asombre
si lo invito a que me rime,
permita usté que me arrime
con la guitarra en la mano,
yo espero usté ya se aviente
y que se dé un “mano a mano”.

(Arriero 2)
No me asusta ningún reto
yo lo pondré en un aprieto,
le quitaré lo tunante
y aunque resulte triunfante
prometo yo ser muy hombre
sin regodearme en su nombre
y no burlarme de “a feo”,
no soy un hombre que miente,
voy a cumplir su deseo.

Le agradezco compañero
que no ponga ningún pero
y que sin más se aproveche,
pienso que usté es “mala leche”
si triunfante se declara
y ya mi duda se aclara
al soltarme su veneno,
yo le apuesto, señor fiero,
que para esto no es tan bueno.

De “señor fiero” me tacha,
yo creo que usté se me agacha
si le contesto de veras,
ojalá usté bien pudiera
apenas seguirme el paso
pero yo creo que me atraso
tan solo en la pura espera,
parece usté un gringo güero
que poco tiene de fiera.


Yo creo que usté no es tan hombre
ya dudo hasta de su nombre
si quiere usté “que me agache”,
yo sí que le temo al “parche”
que seguro está pensando,
me lo imagino agarrando
“juguetes” que bien comprende,
creo que a usté “se le voltea”,
no me importa si se ofende.

Su discurso no me asusta
si usté piensa que me gusta
con hombres “arrejuntarme”,
no busco que usté se alarme
pero debo confesarle
una verdad que es de alarde,
hoy sus decires me aplican,
no me importa que lo vea,
¡soy orgulloso marica!

Me encuentro muy asombrado,
me ha dejado anonadado
por tan audaz displicencia,
debo calmar mi conciencia
y contar lo que yo guardo…
lo encuentro a usté muy gallardo,
perdone que se lo diga,
me gusta su gran mostacho
y sus ojos, ¡ni se diga!

Veo que usté así de grandote
no tiene “malos bigotes”,
yo a usté lo veo bello güero.
¿Le parece, compañero
que nos dejemos de juegos
y apaguemos este fuego?
Lo invito aquí tras lomita,
¡no lo piense, no sea gacho!,
que lo gay nadie nos quita.

Ahora que lo estoy pensando
¡Ya le “estamos dimos dando”!
Espero no se me raje,
quítese ya su ropaje.
¿Qué se come que adivina?
Lo que “como” lo imagina.

(Ambos arrieros)
¡Vámonos tras la lomita!
Y aquí comenzó la historia
de dos machos sodomitas.

- Roy Lobo (8.nov.2016)

jueves, 27 de febrero de 2020

Imperdonable


“Yo podría perdonarte todo esto pero hay algo que no puedo, aunque quisiera, y es que con tu propio nombre me mintieras.”

(Fragmento de la canción “Mujer Perjura” de Alejandro García “Virulo”)

Tu cara sin maquillaje no me importa. Acepto que ustedes sienten un deber de hacerlo por presión social y por una competencia sexual que quién sabe cuándo comenzó, tal vez en tiempos inmemoriales. Acepto esa máscara temporal que oculta tu rostro que has de mostrar a tu amante en turno para llamar su atención. Y lo acepto porque yo soy partícipe de esa culpabilidad, reconozco que tu rostro pintado y esa mirada atrajo la mía y cedí.

¿Que no son tus ojos verdes? ¿¡Y!?, ¿cuál es el problema? Me había dado cuenta de tus lentes de contacto cuando fingiste una basura entrometida que, supuestamente, te sacó aquella lágrima que fuiste a secarte fuera de mi vista.

No puedo reclamar tampoco tu figura delgada sin curvas muy pronunciadas, tal vez a otros les atraigan más las formas voluptuosas y bien torneadas que nos venden las fotografías publicadas y muy retocadas como el ideal de mujer a perseguir. Dejé de ser ese hombre hace mucho y, en realidad, tu figura delgada me atrae y hasta la encuentro conveniente para los propósitos indecorosos que perseguía hace unas horas que te conocí.

Ni siquiera reclamo tus pestañas postizas que, debo reconocer, me sorprendieron un poco al encontrarme con ellas junto al espejo del sanitario en el que meticulosamente me preparaba para este "festín" sexual. Sólo quiero decirte que me decepcionó un poco comprobar que tu mirada coqueta, la que en un principio me cautivó, era artificiosamente ayudada.

Y menos te reclamo tu nariz respingada, en realidad se ve bien; ese cirujano plástico que comentaste hizo muy buen trabajo en tu rostro y en las ahora inexistentes “patas de gallo”... lo que me hace pensar en la edad real que debes tener, pero, tampoco importa, pues también creo que el amor no tiene edad.

Si he de ser completamente honesto, estuve a punto de irme cuando te quitaste la peluca pelirroja pero tu cabello real no resultó desagradable, corto sí, pero de un tono oscuro que contrasta naturalmente con tu tez más bien blanca. Me hizo preguntarme un poco por qué no te presentabas como tal si lo natural te venía mejor. “Cosas de mujeres debían ser”, entendí.

Tus brazos me gustan al tacto; dices que los ves muy “velludos” pero, de mi experiencia en otras tierras del oriente te digo, créeme, no tienes de qué preocuparte en comparación; antes, al contrario, me causan tus brazos y piernas cierto alivio al punto en el que me siento bien conmigo mismo al no ser un superficial que exija la ausencia total de vello en el cuerpo de mi amante.

No tuve ningún problema con tus labios carnosos, inflados a propósito con alguna sustancia, legal o no que, al beso, se sienten inacabables y que me hicieron perderme en algún lugar del cosmos dos veces hoy mismo. Pienso que, en mucho, esos besos fueron los que nos tienen aquí en este momento en la cama.

Cuando vi tus senos (y luego al tocarlos) inmediatamente comprendí y al mismo tiempo quedé maravillado del excelente trabajo que aquel mismo doctor hizo. Me sentí halagado por ser yo de los primeros en divertirme con el trabajo de otros.

Por favor no llores y trata de comprender mis sentimientos encontrados al tomar esta decisión de irme ahora.

Todo lo que te mencioné te lo perdono, no soy exigente en los “errores” que crees poseer y te has dado tiempo y dinero para disfrazarlos. Tu pasado no importa y el ser que me mostraste me fascinó desde el primer momento.

Sólo hay una sola cosa que no te puedo perdonar y es que hayas decidido, hasta este preciso momento, decirme tu nombre Rigoberto.

- Roy Lobo (6.may.2011)
Inspirado en la canción “Mujer Perjura” de Alejandro García “Virulo”.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Después del tiempo, ¿qué?


“Y hoy que de amores ya no tengo tiempo, amor de aquellos tiempos, cuánto añoro
la dicha inicua de perder el tiempo.”

(Fragmento del poema “Tiempo” de Renato Leduc)

─Tú y yo más allá del tiempo…

”… se antoja imposible pues mi pobre concepción del cosmos me dice que ese momento es inconcebible.

”¿Cómo va a ser posible que exista un momento en el que el tiempo no exista? Y si el tiempo, en efecto, tiene un final, ¿ya no hay más tiempo después entonces? ¿Qué viene después del tiempo? ¿El inicio de otro nuevo tiempo? O, ¿será este tiempo parte de otro tiempo más grande que inició mucho antes que el nuestro y terminará en otro futuro? Y ese tiempo, a su vez, ¿será parte de otro tiempo?

”Y, ¿dónde entra Dios en la ecuación? ¿Dios creo el tiempo donde transcurre el tiempo en el que se encuentra el nuestro? ¿En qué tiempo vive Dios? ¿Dios abraza al tiempo o el tiempo abraza a Dios? ¿Quizá Dios es Tiempo?

”… en fin, perdona que divague así en un momento romántico como éste. Sólo quería decirte que aún en ese inconcebible momento nuestro amor permanecerá incólume en las… Amor… ¡Amor! ¡Despierta!

- Roy Lobo (18.feb.2016)

martes, 25 de febrero de 2020

Calaverita a Lord Vader


“News guy wept and told us Earth was really dying, cried so much, his face was wet then I knew he was not lying.”

(Fragmento de la canción “Five Years” de David Bowie)

Doña “Calaca” se paseaba
tanto que de la Tierra salió,
¿paseaba?, más bien “espaceaba”
y al planeta Tatooine arribó.

Se encontró a Anakin divertido
reparando a Ci-Tri-Pi-Ó,
ahí lo encontró distraído
y ahí Skywalker se murió.

En cuenta no había caído,
faltaban cinco episodios más,
¡tonta!, se había distraído
y no habría Darth Vader jamás.

Un error había cometido,
la muerte ni cuenta se dio
que la saga había fallecido...
¡y a Anakin entonces revivió!

Los números ahora “cuadraban”
mil jedis a la lista agregó
¡ni el maestro Joda se salvaba!,
pero a Jar Jar Binks no se llevó,

Jaba el Hutt encabezaba
en la lista de los villanos
y un emperador figuraba
antes que terminara al año.

Pero cuando supo de Alderaan,
la muerte sí que se emocionó,
¡todo un planeta se llevará!
y en primera fila se sentó.

Anakin pues... ¡se queda vivo!
porque Lord Darth Vader surgirá,
démosle un empujoncillo
¡que ya su turno le tocará!

- Roy Lobo (31.oct.2015)
Inspirado en las historias y personajes de George Lucas

jueves, 2 de noviembre de 2017

Calavera a doña Democracia


Cada seis años, mi amor, prometo ser diferente pero nunca te lo cumplo pues cada seis años quesque hay otro presidente. Y siempre es igual, la misma camada, una burocracia pero revolcada.

(Fragmento de la canción “Seis Años” de Óscar Chávez)

La Gran Señora Democracia
muy formal ella se vestía
pues displicente presumía
ser la mejor entre las gracias.

Se llamaba a sí “La Perfecta”
para gobernar al humano
pero éste, demasiado ufano,
la confundía con “Prefecta”.

“Poder para el pueblo”, decía.
“Los gobernantes son empleados.
¿Y los tiranos? ¡Acabados!”,
la insensata compartía.

Muchos ciegos se lo creyeron
y ciegos así ya votaron
al presidente levantaron
y a senadores eligieron.

“¡Por fin, todos somos iguales!”.
“El poder no nos engañará,
el ‘pueblo bueno’ así pensará”,
así de ingenuos fueron tales.

Mas “la cosa” no mejoraba
aunque en la libertad vivían,
¡pobres!, ellos no comprendían
que las libertades costaban.

Exigían al “Gran Salvador”
que los llevara a la abundancia,
que eliminara la vagancia
del “Grande Pueblo Trabajador”.

Pero el pueblo vendió verdades
de las libertades ganadas
que felizmente intercambiaba
por infames seguridades.

Los “nobles” de nuevo surgían
con mucho poder encumbrados
y todos los premios ganados
en el limbo se les perdían.

La Huesuda, desde lo lejos,
muy calladita ella observaba
pero de un sopetón bajaba
y a todos dejó muy perplejos.

“A esta señora me la llevo”,
sentenció la cruel Calaca,
“pues a muchas leguas destaca
que no quieren de ella ni un vello”.

La Democracia “se les iba”
pues nada hizo la muy taruga,
se despidió la testaruda
y la Seño’ “pasó a mejor vida”.

Pero un día el pueblo entenderá
las verdades que se le entregan:
doña Libertad solo llega
con doña Responsabilidad.

- Roy Lobo (2.nov.2017)

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Calavera a Pedro Infante Inmortal


“Dicen que soy mujeriego, no lo puedo remediar, por eso sufro y reniego, ¿pa' qué lo voy a negar?”

(Fragmento de la canción “Dicen Que Soy Mujeriego” de Manuel Esperón)

La Muerte escuchaba un buen canto,
cuyas notas fácil reconoció,
casi rompió en sufridos llantos
al oír “Amorcito Corazón”.

Interpretando a “El Torito”,
el de Sinaloa muy bien cantaba
pero la Tísica, muy prontito,
encontró al que tanto ella buscaba.

Mas, al encontrarse sorprendido,
el Infante se volvió a disfrazar
con su cara de “Tizoc”, el indio,
pero a la Parca no pudo librar.

Ágil, entre unos triates alternó
y hasta la Huasteca se escondía,
la inocente Tucita lo ayudó
y la Flaca, otra vez, lo perdía.

Se ocultó entre “Luises” y “Garcías”
y mientras a un “López” se despachó
y en las faldas de Sara García,
el gran Pedro Infante sobrevivió.

Un “¡Ahí viene Martín Corona!”
la Muerte oyó a alguien gritar
y, por ese grito de un malora,
de nuevo a Pedro volvió a divisar.

En motocicleta él se escapó
como “Pedro Chávez”, policía,
Luis, el “Gallo Giro”, lo acompañó
en su tan estrepitosa huida.

A Mazatlán llegar él quería,
su bella tierra de nacimiento,
a cualquier precio lo lograría
pues lo continuaban persiguiendo.

Volar aviones él disfrutaba
y alcanzó, por fin, el suyo a tomar
pero la Huesuda lo acechaba
y lo atrapó ya en el aire al volar.

Así pasó a las mejores vidas
el gran ídolo de las multitudes,
así Pedro Infante se moría
en sus más completas plenitudes.

Don Pedrito está muy bien, empero,
no te preocupes, querido amigo,
de él se salvaron muchos suegros
de sufrir al mujeriego divo.

Entre calacas y las orquestas,
él ahora se encuentra cantando
jugando a los albures y apuestas
y, seguro, un tequila tomando.

- Roy Lobo (1.nov.2017)

lunes, 9 de octubre de 2017

Conversaciones urbanas (y el chismoso que las escucha): Tom Petty


I'm learning to fly, but I ain't got wings, coming down is the hardest thing.

(Fragmento de la canción “Learning To Fly” de Tom Petty

Esta plática la oí en un autobús mientras fingía que escuchaba algo en mis audífonos:

─¿Oíste, güey? Se murió antier Tom Petty.

─¿Tom Peti? Y, ¿quién es ése cabrón?

─Es el que canta esa de “Free Fallin’”.

─No, pues… ¡no sé!

─Es la que canta “Jerry” en su coche, en la de “Jerry McGuire”. Algo así: “¡I’m a freeee, free faaaallin’!… ”, ¿no la has escuchado?

─Tal vez la recordaría pero cantas muy mal. ¿Qué es eso de “Yerry Maguair”?

─Es una película.

─Pues… no la he visto, ¿sale alguno de los “Bichir” o “El Cochiloco”?

─¡No!… Bueno… más bien, no sé. La película es gringa y ya es vieja.

─Entonces, ¿sale Pedro Armendariz? Ese salió con el “007”, ¿no?

─Esa que dices es mucho más vieja. Aunque “El Cochiloco” salió en una de las nuevas de “James Bond”, eso sí. Pero la que yo te digo es de los noventas. Ahí sale Tom Cruise.

─¿Tom Cruz? ¿Tomás Cruz? Creo que lo he escuchado pero… no recuerdo de dónde… canta huapangos con mariachi, ¿no? ¡Ah, espérame! Es ese que canta con la Sonora Santanera.

─¡Tomás Cruz no! ¡Tom Cruise! Es el que actúa en las de “Misión: Imposible”.

─¡Ah! Sí recuerdo esa serie de los setentas pero la vi muy poco.

─No es la serie de televisión. Son unas películas más recientes basadas en la serie.

─Pues… no las he visto tampoco. ¿Sale algún conocido en esas?

─En la primera sale Jon Voight.

─¿Jon Voit? Y, ¿quién es ese cabrón?

─No lo sigo mucho, güey, pero creo que es un actor muy reconocido. Lo que sí sé es que es el papá de Angelina Jolie; a ella sí la recuerdas, ¿no?

─Es la morena buenota, la de los labios gruesos, ¿no? La que tiene un montón de hijos de varios países.

─¡Esa es! Ella es hija de Jon Voight.

─Pues no, no recuerdo a ese cabrón de todas maneras. ¿Actúa algún otro?

─En la segunda sale Anthony Hopkins, ¿lo ubicas?

─No, de nombre no, ¿es bueno ése?

─¡Actorazo! Es “Odín”, el padre de “Thor” en las películas.

─¿Odín y Tor? Y, ¿quiénes son esos cabrones?

─¿No los conoces, güey? Son unos superhéroes de los cómics, “Thor” sale también en los “Avengers”.

─No me gustan los héroes gringos. A mí “Chanoc” o “El Santo”, esos sí eran héroes para que veas.

─Bueno, bueno… ¿viste la de “El silencio de los Inocentes”?

─No la recuerdo…

─… la de “Hannibal Lecter”, la primera que salió.

─¡Ah! “Anibal, el Canibal”, sí, ¡cómo no!, la vi y hasta en el cine: “ … me comí su hígado con unos frijoles y un buen quianti… fht, fht, fht, fht…”, así dice, ¿no? Nunca supe qué es “quianti”.

─Es un vino italiano, se escribe con “CH” pero se pronuncia con “Q”.

─Pues hasta ahora sé que eso es un vino, yo pues… ya ves, ¡pura cerveza y tequila!

─¡Ah! Pues ese es Anthony Hopkins, el que actúa de “Hannibal Lecter”... y acabo de recordar que ahí, en esa película, se oye la canción “American girl” y, ¿sabes quién la canta? Tom Petty.

─¿Tom Peti? Y, ¿quién es ese cabrón?

─¡Pero si te acabo de decir, güey! Es el que se murió antier.

─¡Ja, ja, ja, ja! Nada más me estoy burlando. De todas maneras, no recuerdo esa canción tampoco. Después me pasas unos links… ¡Oye! Ya nos bajamos en la siguiente. Toca el timbre, por favor.

Y, como buen “activista de smartphone” que soy, después de que bajaron del autobús, me puse a buscar en Internet a “Tom Petty” para conocerlo y publicar mis condolencias en las redes sociales, ¡no vaya a ser que pase de moda rápido!

- Roy Lobo (4.oct.2017)

lunes, 14 de agosto de 2017

Último recurso


Listen to the rhythm of the falling rain telling me just what a fool I've been, I wish that it would go and let me cry in vain and let me be alone again.

(Fragmento de la canción “Rhythm of the Rain” de John Claude Gummoe)

─… ¡debo intentarlo, Güicho, es mi último recurso! ¿Cómo me dijo Suzy? Primero un paso al frente, levanto la rodilla, uno, dos… ahora el otro pie al frente y la otra rodilla, uno, dos… ¡ah! Y levanto los dos brazos apuntando al cielo al mismo tiempo, uno, dos, uno, dos… y grito eso de “¡Ay-ya-ya-ya!, ¡ay-ya-ya-ya!...”.

Por fin desistí de convencerlo de lo contrario y mejor me hice a un lado y me senté en la barda de la azotea donde nos encontrábamos los dos discutiendo lo ridículo de éste, su último recurso: hacer llover con su danza para arruinarle los planes a Pily, una muchacha de su barrio con quien estaba obsesionado.

─¡Güicho!, era así, ¿no? Uno, dos, uno, dos, ¡Ay-ya-ya-ya!, ¡ay-ya-ya-ya!...

─Yo no sé y ni me interesa. Ya bastante incómodo fue para mí llamar y presentarte a mi ex para que te enseñara ese baile. Haz lo que quieras, ya te dije que esas son puras tonterías para mí. Mejor me tomo mi cerveza aquí donde estoy ─volteé hacia la acera de enfrente donde alguien que reconocí caminaba─. ¡Mira! Ahí va Irene, ¡qué bien se ve en ese vestido!

─¡Estás jodiéndolo todo, Güicho! No ayudas a la “conciencia colectiva del cosmos”, entre más seamos, mejor. Ven y baila conmigo, uno, dos, ¡ay-ya-ya-ya... !

─¿En serio crees que puedas hacer llover con un bailecito como ese? Te recuerdo que Suzy no es ninguna chamana ni sacerdotisa ni bruja ni nada de eso, nada más es folclorista de los amerindios. Además casi ni hay nubes, ¿en serio esperas que toda la ciudad se llene de nubes para que Pily no salga hoy a ese paseo con su exnovio? ¿No crees que los “dioses” tienen asuntos más importantes por atender que hacer llover para ti?

─¡Esa es mala actitud, Güicho! ¡Tus “malas vibras” no ayudan! ¡Perdí el ritmo! ¡A ver, otra vez! Uno, dos, uno, dos, ¡ay-ya-ya-ya, ay-ya-ya-ya… !

─¡Al cosmos no le importas, César! Y creo que el universo más bien no quiere que tú y Pily estén juntos. ¿Qué pasó la primera vez que le ibas a hablar? Recibió una llamada justo en ese preciso momento y salió corriendo apurada. Luego, la segunda vez, cruzaste imprudentemente el paso de bicicletas y se estrelló un pobre ciclista contigo, ¿y Pily? ¡Ni en cuenta! Estaba de espaldas y muy lejos para siquiera notar tu accidente y lo golpeado que quedaste. ¿Y luego?, ese fin de semana que le llamaste a su teléfono, no sé cómo conseguiste su número pero, ¡ni se te entendía lo que hablabas! En buen momento se te ocurre conocer el vodka-martini de James Bond y tomarte tres en media hora. Lo bueno, es que nunca supo quién la llamaba y nada más te colgó, gran primera impresión le hubieras dado.

─¡Mejor cállate si no me vas a ayudar, Güicho! ¡Ya me hiciste perder el ritmo otra vez! ¿Sabes qué? Voy a cambiar el paso, al fin todo esto tiene que ver con fe y yo tengo mucha en este momento. ¡Manos entrelazadas por atrás! Y el zapateo era… ¿cómo era? ¿Cómo me enseñó la maestra? Tacón, tacón, punta, punta… sí, creo que así era, uno, dos, tres, cuatro, uno, dos, tres, cuatro y, ¡claro!, el canto: “¡Negrita de mis pesares, ojos de papel volando, a todos diles que sí pero no les digas cuándo… !”.

─¡Ja! ¿Ahora “El son de la negra” va a hacer llover? Mejor intenta con “La llorona”, creo que también la bailaste de niño en la primaria, ¿no? A lo mejor los dioses lloran al verte y por fin nos llueve algo.

Le dije esto con burla y le di otro trago a mi cerveza. Detuvo el baile, subió a la barda y levantando los brazos exclamó al dios del agua:

─¡Vamos Tláloc! ¡Ayúdame! ¿Qué te cuesta una lluvia? ¡Ya perdí el ritmo otra vez! ¡Otro paso! ─bajó de la barda al piso de la azotea y continuó─ El “moonwalker” de Michael Jackson, ese sí me salía bien… sí… así, deslizo con la punta, luego la otra y, ¿cómo era la letra? ¡Ah, sí!: “Billie Jean is not my lover, she's just a girl who claims that I am the one…”, luego me agarro la entrepierna y termino con un: “¡Yiii, jiii!, ¡Auuu!”.

─Se va a morir nuevamente el “Rey del Pop” si te ve bailando, César, pero… tal vez coopere con unas lágrimas, eso sí ─nuevamente le dije con sarcasmo.

─No, ¡no está funcionando, Güicho! ¡Más fe! ¡Necesito más fe!

Detuvo el baile drásticamente y se subió de pie sobre la barda nuevamente y gritó al cielo:

─¿¡Qué quieren de mí!? ¿¡No van a ayudarme en el amor, malditos dioses!? Sólo soy alguien que quiere compartir su vida con Pily, ¿no merezco una ayudita? ¿Dónde están? ¡Los necesito aquí!

─¡Desiste, amigo! Mejor tómate una cerveza conmigo ─le dije.

De repente, por detrás de nosotros encima del techo de la terraza en la azotea donde nos encontrábamos, un cielo nutrido de nubes que no habíamos visto antes se asomaba al tiempo que nos deslumbró un rayo seguido del trueno casi a la par. Siguieron varios relámpagos y César y yo nos quedamos viendo el cielo varios minutos.

No pasó mucho tiempo en que sentí una gota en la cara, ¿habría escuchado Tláloc? César, saltó de la barda hacia el piso de la azotea y volvió a iniciar el baile y canto “originales” con piernas y brazos.

─Uno, dos, uno, dos, ¡ay-ya-ya-ya, ay-ya-ya-ya, ay-ya-ya-ya… !

Impresionado un poco de sentir las gotas, decidí gritar junto con él; sin soltar mi cerveza, ¡por supuesto! Me subí también a la barda y levanté los brazos al tiempo que grité:

─¡Tláloc! ¡Venga esa maldita lluvia! ¡Mójanos con tu santo goteo! ─César volteó sorprendido hacia mi y luego reanudó su baile y yo junto con él. Después de unos minutos en que insistíamos con nuestro “ritual”, el cielo se veía más nublado y llegaron las gotas gruesas y tupidas casi inmediatamente. Detuvimos el baile y él subió nuevamente a la barda de la azotea y con los brazos levantados y puños cerrados gritó:

─¡Gracias Tláloc! ¡Gracias Dios o… dioses! ¡Lo sabía! Lo sabía ─volteó hacia mí─. ¿Ves Güicho? El cosmos SÍ quiere que invite a salir a Pily.

─Pues… hoy Tláloc parece que te hizo caso, César, pero tengo mis dudas todavía ─le di un trago más a mi su cerveza mientras la lluvia comenzaba a arreciar. Decidimos refugiarnos debajo del techo de la terraza.

Mientras, en la acera de enfrente, una muchacha buscaba refugiarse de la lluvia y llegaba casi corriendo hasta un pequeño techo que sobresalía en la entrada de una de las casas. La reconocí inmediatamente.

─¡Güicho! ¡Mira enfrente, es Pily!

Me gritó César señalándome a la muchacha. Aunque arreciaba todavía más la lluvia, caminó hacia la barda y, agitando un brazo, le gritó:

─¡Pily! ¡Hola Pily! ¡Acá arriba!

Después de unos instantes de tratar ubicar la procedencia del grito, volteó hacia donde se encontraba mi amigo y le contestó:

─¿César? ¿Qué haces ahí mojándote? ¡Te vas a enfermar!

─¿Qué?

─¡Que no te mojes! ─el sonido de la lluvia nos impedía escuchar bien a los tres.

─¡Discúlpame, Pily! ¡Está lloviendo por mi culpa! ─le gritó César.

─¡Ay! ¡No te escucho bien! ¿Que está lloviendo por tu culpa? ¿Eso dijiste?

─¿Qué? ¡No te escucho! ¡Espérame ahí!

Sin pensarlo dos veces, bajó como pudo de la azotea y no le importó mojarse en la fuerte lluvia que ya nos empapaba. Lo vi cruzar la calle corriendo y se refugió ahí mismo donde se encontraba Pily. Los vi conversar y luego reírse por algo que ha de haberle dicho mi amigo. Pasaron pocos minutos y, sin más, salieron de su refugio los dos y comenzaron a caminar sin importarles la lluvia. Varios pasos después, César y Pily voltearon hacia donde yo estaba y se despidieron agitando un brazo. Hice lo propio también y les sonreí.

Al verlos ya de espaldas caminando tranquilamente bajo el aguacero, le di un sorbo más a mi cerveza y pensé para mis adentros: “Todavía no me convences, dios de la lluvia, pero… ¿habrá alguna manera en que me ayudes el lunes con Irene?”

Roy Lobo (14.ago.2017)